Esta pareja de pequeños toros de cerámica pertenece a la tradición de las conopas zoomorfas de la sierra sur peruana, particularmente asociada con el ámbito rural del Cusco. Su forma deriva de antiguos recipientes ceremoniales modelados como llamas y alpacas, cuya estructura fue posteriormente adaptada para representar al toro, animal incorporado al universo económico y ritual andino después de la conquista española.
Las figuras presentan cuerpos bajos y compactos, sostenidos sobre patas apenas insinuadas. Las cabezas, proyectadas hacia delante, muestran hocicos prominentes, pequeños cuernos y una expresión concentrada que se aparta deliberadamente del naturalismo. Sobre el lomo de cada animal se abre un cuello corto, elemento que permite reconocerlas como recipientes escultóricos y no solamente como figuras decorativas.
Relacionado con su fuerza vital, reproducción y protección. La cavidad dorsal estaba destinada simbólica o materialmente a recibir ofrendas durante ceremonias familiares vinculadas con el cuidado de los rebaños.