Las gallinas y los gallos forman parte del repertorio tradicional de los ceramistas de Quinua, Ayacucho, junto con iglesias, toros, músicos, campesinos y otros personajes vinculados con la vida de la comunidad.
Este conjunto conserva varios rasgos característicos de la tradición alfarera local. Los cuerpos son globulares, los cuellos se prolongan para formar la cabeza de las aves y algunas piezas incorporan asas y pequeñas aberturas propias de las vasijas zoomorfas.
La decoración también permite reconocer el lenguaje característico de la cerámica de Quinua. Flores, hojas, líneas y relieves se distribuyen sobre la superficie mediante una paleta dominada por ocres, rojos, marrones y tonalidades claras.
¿Por qué representar gallinas?
Una de las características de la cerámica de Quinua es la incorporación de elementos del entorno cotidiano. Los artesanos observan los animales, personajes, actividades y costumbres de su comunidad y los reinterpretan mediante el modelado y la decoración de la arcilla.
En estas piezas, por ejemplo, la anatomía del ave se adapta a la estructura de una vasija: el cuerpo adquiere volumen, el cuello se prolonga y la superficie se convierte en un espacio para desarrollar motivos vegetales y florales.
Esta tradición continúa vigente en Ayacucho. En 2019, los conocimientos, saberes y prácticas asociados con la producción de cerámica tradicional de Quinua fueron declarados Patrimonio Cultural de la Nación, en reconocimiento de su importancia histórica y cultural, así como de los conocimientos transmitidos entre generaciones de ceramistas.